Frailes en país Maya

 

Numerosas aventuras

Dominicos y Franciscanos en país maya - siglo XVI

Un viaje de Las Casas a Tabasco y Chiapas

Pedro de Barrientos en Chiapa de Corzo

Las Casas en contra de los conquistadores

Fuensalida y Orbita, exploradores

La agrupación de los indios

 

Intensos estudios

Un monje etnólogo, Diego de Landa

El conocimiento de los idiomas mayas

Dos profesores, Juan de Herrera, Juan de Coronel

Dos monjes historiadores, Cogolludo y Remesal

 

Innumerables construcciones

Un Franciscano arquitecto, Fray Juan de Mérida

El convento de Valladolid en Yucatán

El convento de Izamal y sus milagros

En Yucatán, cada pueblo tiene su iglesia

Un Dominico enfermero, Matías de Paz

 

Grandes esfuerzos de evangelización

La pacificación de la Verapaz

La fundación del monasterio de San Cristóbal

La provincia dominicana de San Vicente

Una evangelización autoritaria

Los Franciscanos y la religión de los Mayas

Un fracaso de los franciscanos en Sacalum, Yucatán

Domingo de Vico, mártir dominicano

 

El fin de la aventura

La vuelta a los monasterios

 

Complementos

Las Casas y la libertad de los indios

La Historia Eclesiástica Indiana de Mendieta

La ruta de la evangelización dominica en Guatemala

El convento de Ticul, visto por John Lloyd Stephens

Los Franciscanos en el valle del Colca, en el Perú

La ruta de los conventos de Yucatán en el siglo XVI

La misión dominicana de Copanaguastla, Chiapas

 

A su disposición, a petición:

- informaciones sobre los paises mayas,

- textos sobre la conquista y la colonización de los paises mayas

 

correo:

 

 

 

LAS CASAS

Y LA LIBERTAD

DE LOS INDIOS

 

 

 

Indios Mayas cautivos, en Ermilio Abreu Gómez, La Conjura de Xinum, Editorial Macehual, 1977

 

En 1552, Bartolomé de Las Casas, que hasta entonces no ha publicado nada relativo a su doctrina, quiere difundir sus ideas. Publica varios tratados: la "Brevíssima relación de la destruyción de las Indias", el "Octavo remedio", la "Disputa o controversia entre el obispo Don Fray Bartolomé de Las Casas... y el doctor Ginés de Sepúlveda", el "Confesionario", el "Tratado comprobatorio del Imperio Soberano... que los Reyes de Castilla y León tienen sobre las Indias" y el tratado "Sobre la materia de los Indios que se han hecho esclavos". Este texto sobre los esclavos se terminó de imprimir el 12 de septiembre de 1552 en el taller de Sebastián Trujillo. Debió redactarse para la Junta episcopal de México de 1546, cuando Bartolomé de Las Casas regresaba de su obispado de Chiapas.

 

 

BARTOLOMÉ DE LAS CASAS

OPÚSCULO QUINTO

SOBRE LA LIBERTAD DE LOS

INDIOS QUE SE HALLABAN REDUCIDOS

A LA CLASE DE ESCLAVOS

(1552)

 

PROLOGO
DIRIGIDO AL REAL Y SUPREMO CONSEJO DE LAS INDIAS.

 
"Muy Poderosos Señores,

 
"Vuestra Alteza se ha servido mandarme que manifieste por escrito lo que siento acerca de la esclavitud o derecho á la libertad de los Indios que los Españoles tienen bajo sus ordenes con título de esclavos. Yo he pensado que podía ser agradable á V. A. una obra corta, dividida en dos partes; de las quales yo hiciese ver en la primera, la Nulidad del título de Esclavos con respeto á los Indios; y en la segunda, la obligación del Rey nuestro Señor y de V. A. á declarar esa nulidad y mandar restituir á los Indios su primitiva libertad.


 
ARTÍCULO 1°.


Nulidad del Título con que los Indios han sido hechos esclavos.


"Yo me propongo probar por ahora tres proposiciones en este artículo: Primera que todos los Indios reducidos á esclavitud desde el descubrimiento de las Indias Occidentales han sido hecho esclavos sin razon y sin título. Segunda que el mayor número de los Españoles que hoy tienen Indios por esclavos, es de poseedores de mala fe. Tercera que se verifica esta cualidad aun en la posesión de la esclavitud de aquellos Indios que han sido alquiridos de mano de otros Indios.

 
"Comenzando por las pruebas de la proposición primera debemos suponer que aun cuando los hombres hacen guerra contra otros hombres, con justa causa, y ocupan paises, no tienen derecho para convertir los habitantes en esclavos. No tomando estos una parte activa en la guerra, carecen de relación directa con ella, sino solo en cuanto deben reconocer por gobernador del pais al que vence aunque sea su enemigo, pagarle aquellas contribuciones que imponga y hacerle aquellos servicios que mande miéntras ocupe el pais. La duda podía estar únicamente con respecto á los militares vencidos y cogidos. Antiguamente hubo naciones que los hacían esclavos; pero después se introdujo sujetarlos á la única pena de prisioneros de guerra y cangearlos con otros que la nación vencida tenga en su poder, y en su falta retenerlos hasta que se hagan paces y cobran entonces el importe de los gastos de sa manutencion personal.

 
"Cuando la guerra es injusta, falta todo motivo, toda razón, y todo titulo para convertir en esclavos no solamente á los habitantes civiles, sino aun á los militares; pues ninguno puede alegar derecho proveniente de su propria injusticias.

 

"Una guerra es injusta en dos casos: primero cuando se hace sin autoridad legítima; segundo cuando aun que intervenga esta, falta notoriamente la razon: los dos defectos concurrieron contra los Indios de América.


"Los que han guerreado, lo han hecho sin autoridad legítima porque los reyes católicos Fernando é Isabel y posteriormente nuestro emperador y rey Carlos Quinto jamas autorizaron á los gobernadores de Indias, ni menos á los capitanes dependientes, de ellas para tener guerra contra los Indios sino defensiva en caso de ser atacados. Los soberanos encargaban por el contrario tratar bien siempre á los Indios de manera que no tuviesen jamas motivos de queja y que antes bien estuviesen contentos con el trato de los Españoles, mediante algunos regalos de objetos europeos del gusto de los Americanos para que se aficionasen á comerciar con los Españoles, y á oír la predicación del Evangelio y de la buena moral de la qual debían dar egemplo los Españoles, siempre y por siempre, para que los Indios formaren buen concepto de la religión cristiana y la recibiesen con gusto. La misma regla prevenían los reyes para descubrir nuevos países.

 
"Los gobernadores de las Islas del Océano y tierras firmes de América, y los otros capitanes enviados por ellos ó separados por voluntad propria no se sujetaron á las órdenes é instrucciones de los reyes; y estimulados de sola su codicia siguieron un rumbo totalmente contrario en sus expediciones de descubrimiento de nuevos paises. Apenas los descubrían, pensaban ser dueños del oro, plata, y perlas que hubiera en el pais; para lo qual establecieron un sistema de terror, haciendo en los principios una matanza horrible del grande número de personas que la casualidad, ó el fraude reuniesen á su disposición, sin distinguir sexos, edades, estados ni situaciones, luego pedir á los demás oro, plata y perlas; por ultimo hacer esclavos y venderlos, ó matarlos despues á fuerza de hambre, golpes y fatigas.

 

 

 

 

El conquistador (¿Santiago Matamoros?) y Bartolomé de Las Casas, Museo de los Altos de Chiapas, San Cristóbal de Las Casas. Detrás, el cuadro representa Las Casas Obispo, autor desconocido

 


 

"Para que no se les imputase desobediencia, insubordinación, ni usurpación de la soberanía, escribieron á la Corte muchas veces que los Indios les hacían guerra y que necesitaban defenderse con modos extraordinarios medíante ser excesivamente mayor el número de los Indios que el de los Españoles; pero ni aun así pudieron decir jamas que guerreaban con autoridad legítima; pues los reyes respondián siempre aprobando la defensa, mas no autorizando la guerra ofensiva, ni ataque alguno voluntario contra unas gentes que sus Magestades querían atraer á su servicio con medios pacíficos y amables.

 
"Aun era mas notorio el defecto de causa justa para guerrear contra ellos. Las diferentes naciones habitantes de los vastísimos territorios de América, ocupaban cada una su pais pacíficamente sin hacer mal á nadie, cuando los Españoles descubrieron; y es tan claro como evidente que estos no habian recibido jamas ningún agravio de parte de aquellos; pues no se habian conocido antes; ni era fácil, mediante tan enormes distancias entre América y España.

 

"Los Americanos eran gentes pacíficas por naturaleza, y aun parte de ellas sumamente tímidas, y débiles de fuerzas corporales por complexión física , las cuales circunstancias influyen á creer sin dificultad lo que sabemos ser cierto cuantos hemos estado allí sin las intenciones viciosas de los conquistadores; esto es, que aun despues que llegaron los Españoles á descubrir un país de Indios, estos no les acometían para impedir la entrada, sino que ó bien los recibían benignos, afables y con agasajo sino habían precedido motivos de terror, ó bien en este segundo caso huian amedrentados primero á refugiarse dentro de sus domicilios, y si esto no era suficiente, á los montes y bosques, y desiertos.

 
"Los hombres interesados en abonar la conducta de los conquistadores han querido persuadir que los Indios se rebelaban después de sumisos, se reunían en grandes masas, y se conjuraban para matar à los Europeos, lo qual consiguieron algunas veces, y hubieran conseguido muchas mas, si los Españoles no se hubiesen anticipado en tales ocasiones á guerrearles. Esta relación es sumamente fraudulenta y dolosa, sin valor para probar nada sobre nuestra cuestión ; ya porque sucedió poquísimas veces y no debe citarse cuando se trata de un sistema general; ya principalmente porque jamas se verificó semejante conducta en los Indios, sin que los Españoles hubiesen producido causas justíssimas con sus iniquidades de robos, incendios, saqueos, estupros, adulterios, raptos, violencias, esclavitudes, ventas de personas robadas para ello, muertes, asesinatos, abandono de enfermos, crueldades de trato, ya en dar golpes inhumanos, ya en dar poca y mala comida, ya en cargar peso insoportable, ya en viages larguísimos y acelerados, ademas del dolor agudísimo del alma que se les hacia sufrir despojando á los padres de sus hijitos tiernos y delicados que vendian á su presencia para esclavos, ya separando los maridos de sus esposas para abusar de estas, asi como de las hijas en otras ocasiones, y todo esto después de haberles quitado el oro, la plata, las perlas, y las piedras preciosas que tuviesen, y en tiempos de escasez, el maiz de sus cosechas que servia de alimento á sus familias; de suerte que siempre resulta verdadero haber sido los Españoles los primeros que hacían la guerra injusta por mas que hablando militarmente pareciese lo contrario.

 

 

 

 

Los frailes libertan a los esclavos indios (mural de Miguel Angel Polanco, Museo Nacional de Antropología, San Salvador, 2011)

 


 

"Todo esto es evidente cuando examinamos el punto con relación á los objetos puramente profanos; pero no lo es menos si lo consideramos en cuanto pueda estar unido con la religión. Aquel país no habia sido nunca poseído por cristianos como la tierra santa de Jerusalen, el resto de la Palestina, el Asia, parte de Africa, Constantinopla, y España. La guerra activa hecha en diferentes épocas contra las gentes que habitaban estos países están aprobadas en el derecho canónico á favor de los Europeos porque se trataba de un ataque para reconquistar lo que habia pertenecido á naciones cristianas y se habia perdido por otras guerras injustas de parte de los mahometanos agresores. Pero no mediaban semejantes circunstancias en America, y por eso faltaba este recurso para encontrar título de atacar militarmente á los Indios.

 
"Tampoco se verificó el otro título indicado en los cánones de quando los infieles ponen obstáculos al verdadero culto de Dios. Los Indios (antes que los Españoles fuesen á su país) no lo podían poner a los Europeos, porque no los conocían, ni sabian su existencia. Después de conocerse tampoco ; lo primero porque antes bien se mostraron curiosísimos de saber y profesar la religión cristiana, mientras los Españoles no la hicieron odiosa con sus crueldades y deshonesta conducta, como lo saben todos los hombres honrados y fidedignos que han estado allí, principalmente los religíosos que lo han visto y experimentado continuamente: lo segundo porque habiéndose sometido, no tenían medios de poner obstáculos al culto verdadero.

 
"Si ellos han abandonado en muchas partes la religión cristiana, y se han escapado á los montes, la culpa no está en ellos, sino en los Españoles que les maltrataban á golpes y sablazos, con hambre, sed, y de quantos modos los tiranos mas barbaros, pueden imaginar. ¿Que concepto habían de formar acerca de una religión que no conocían bien, pero cuya moral parecía ser la de tigres feroces? Así es ciertísimo, indubitable y no sujeto á cuestiones de hecho, que los Indios de America no han puesto jamas.obstáculos positivos y directos al verdadero culto de Dios. Por consiguiente, la opinion de los teólogos que tienen por justa la guerra contra los oponentes obstáculo, no puede tener entrada en nuestro caso para defender á los Españoles en su moral.

 
"La circunstancia de que los Indios eran idólatras no basta para justificar la guerra activa contra ellos, porque Dios se ha reservado á sí mismo el juicio de aquel error. El sumo pontífice romano (aunque sea un vice-Dios en la tierra) no tiene poder directo visible sino sobre los hombres subditos de la Iglesia por medió de la profesión cristiana en el santo bautismo. Para con los otros únicamente puede nombrar y enviar, por sí mismo y por medio de sus comisarios, como el Rey de Castilla, predicadores del Evangelio, rogando y exhortando eficazmente á los infieles que permitan la predicación, oigan á los predicadores, y cedan á la doctrina que anunciaren. Aquí асаbа su poder, como no sea en casos de excepción en que los infieles pongan obstáculos positivos al culto cristiano, pues entonces el sumo pontífice podria dictar guerra para que cesaran los obstáculos.

 

 

 

Sacrificio humano. Diego Rivera, Historia de la religión V (1956). Museo Rivera, Ciudad de México

 

 
"Se ha querido decir que los Indios occidentales ofrecían á sus dioses en sacrificio víctimas humanas; y que bastaba esto para justificar una guerra cuyo resultado debía ser disminuir el número de acciones bárbaras y conservar una porción del linage humano. Pero no es verdad; lo primero porque son poquísimos los países de América en que haya víctimas humanas: lo segundo porque aun cuando se verificasen en muchos puntos, no por eso resultaría la consecuencia de que un rey de otra tierra, careciente de autoridad legitima sobre los habitántes y sobre el soberano se pueda entender autorizádo por Dios para invadir (á quien no le ha hecho jamas la menor ofensa) con una guerra dispendiosa, que ha de Comenzar también por muertes de soldados, y cuyo éxito aun queda incierto.

 
"Lo mismo se debe decir relativamente á lo que otros han querido indicar de que los Indios blasfeman el nombre de Dios y merecían por ello ser atacados en guerra verdadera y militar. Algunos textos canónicos (que suelen traerse á consecuencia para esta proposicion) solo tienen relación al caso en que los infieles blasfemen el nombre de Dios con escándalo del cristianismo, y de manera que las blasfemias produzcan daño positivo á la religión como sucede en toda la costa africana del Mediterráneo para con España, Francia, y aun Italia.

 
"Los pecados de Sodomía y otros opuestos á la naturaleza de que acusan á los Indios los que tienen interés en desacreditarles, tampoco darían causa bastante para guerrear contra ellos, aun quando fuesen ciertos; pues Dios castigó por sí mismo las ciudades nefandas, pero no ha dado jamas comisiones á los gobiernos de un pais para castigar pecados semejantes de los hombres habitantes en otro que tenga jueces y superiores capaces de regir y castigar los desórdenes.

 
"Sucede otro tanto con el pretesto que algunos buscan еn la caridad diciendo ser licito hacer guerra por librar de la muerte á los inocentes, y que debe aplicarse la regla contra los Indios americanos, mediante saberse que algunas veces han sacrificado niños, ademas de que da compasión que se pierda un crecido número de inocentes muriendo antes del uso de la razón sin el bautismo que les daria la eterna felicidad. Un discurso de esta naturaleza no es capaz de probar el intento, porque Dios sabe mejor que los hombres la suerte de aquellos inocentes en los inmensos países que no profesan la religión cristiana, su caridad es infinito mауоr que la de todos los hombres juntos, y sin embargo deja correr así el mundo sin comisionar á nadie para evitar las consecuencias por medio de guerras.

 
"También es desgracia muy digna de compasión que tantos millones de personas del linage humano vivan y mueran sin oír el Evangelio; sin conocer ni profesar la religión cristiana ; y esto no obstante lo permitió en las Indias Occidentales por espacio de quince siglos hasta el descubrimiento de Colon, y lo permite ahora mismo en muchas partes del globo. Nosotros no podemos ni debemos mezclarnos en los secretos motivos de la providencia divina, ni menos creernos autorizados á predicar el Evangelio é introducir la religión cristiana de otro modo que con aquel mismo que mandó, enseñó y practicó el autor divino del cristianismo ; y no puede ser interpretado por conforme á la caridad lo que sea contrario á la doctrina y á los exemples de quien es la caridad por esencia.

 
"Por otra parte los hombres sabios y justos de todos los países cristianos están convenidos en un axioma moral de que no es lícito hacer cosas malas por que sean estas capaces de producir bienes ; pues el pecado con que se comienza es cierto y presente, pero los bienes únicamente son futuros y contingentes.

 
"Las guerras que los Españoles han acostumbrado hacer en las Indias están completamente incluidas en esta regla. En todas se comenzó matando y robando sin discernimiento de sexos, edades, y circunstancias personales; los desórdenes llegaron á tanto que no caben en cálculo.

 
"Asi lo acreditan entro otros medios las informaciones recibidas en los procesos contra vireyes y gobernadores, pues todos han sido ladrones, homicidas, iniques, y pésimos cristianos sin que yo pueda exceptuar mas que al virey don Antonio, al obispo de Cuenca don Sebastian Ramirez, y al licenciado Cerrato.

 
"Añádase á todo esto el conocimiento de los diferentes modos con que los Españoles procuraban tener Indios esclavos, y resultarán mas claras que la luz del medio dia la injusticia y la nulidad del titulo de esclavitud que alegan en su favor, quando no habia repartimientos." (...)

(Colección de las obras del venerable obispo de Chiapa, Don Bartolomé de Las Casas, defensor de la libertad de los Americanos, dada a la luz por el Doctor Don Juan Antonio Llórente, Paris, en casa de Rosa, librero, 1822)

 

 

Ver también la página:

 

"Las Casas en contra de los conquistadores"

 

 

 

 

Un grupo de indios esclavos lleva una cruz gigantesca; última secuencia de la película mexicana "Cabeza de Vaca", 1990

 

Bartolomé de Las Casas en la junta eclesiástica de México de 1546

"236. Sólo el Sr. Obispo de Chiapa D. Fr. Bartolomé de las Casas y el religiosísimo P. Fr. Luis Cáncer sentían el que no se hubiese disputado y resuelto uno de los más principales puntos, que era el modo que había habido de hacer esclavos a los indios. Propuso esta materia el Sr. Obispo varias veces; no tenía efecto su propuesta porque le parecía al virrey razón de Estado no resolverla, pero movido después con la instancia del V. pastor, el dicho Sr. virrey, como temeroso de Dios, atropellando la razón del Estado del mundo, atendió a la mayor, que era hacer el gusto divino, y así dio permiso para que en este imperial convento de N. P. Santo Domingo se hiciesen todas las juntas que pareciesen convenientes a su Ilma., no sólo para el punto que le proponía, sino para los demás que fuesen de justicia y razón para darla él al católico emperador y que se pusiese en ejecusión la resulta. Congredados los de la junta otra vez (exceptos los señores obispos) duraron las disputas públicas muchos días, y con las doctas razones y el testimonio jurídico de modo de requerimiento que a los principios se hizo a los indios, que el P. Fr. Luis llevaba bien prevenidos y manifiestos, resultó el que los indios no eran esclavos, sino libres, y que luego estaban todos obligados a darles la libertad que les había Dios concedido. Diose fin a las juntas de México a principio del mes de noviembre y habiéndose escrito al emperador, su majestad remedió los daños que había y se dio a los indios la libertad que se les debía." (Fray Juan Bautista Méndez, Crónica de la provincia de Santiago de México de la orden de predicadores (1521-1564), libro segundo, capítulo 16.)

 

Los héroes mexicanos, Benito Juarez, Bartolomé de Las Casas y Porfirio Díaz, pintados sobre sillas (Casa de los Venados, Valladolid, Yucatán)

 

Bartolomé de Las Casas: Confesionario (1552)

El Confesionario (Avisos y Reglas para los confesores que oyeren confesiones de los españoles que son o han sido en cargo a los Indios de la Indias del mar Océano) lo publicó Las Casas en Sevilla en 1552. Se trata de doce reglas para obtener la confesión de conquistadores (reglas de la primera a la sexta), de encomenderos (reglas  de la séptima a la décima) y mercaderes (reglas once y doce). En la primera regla establece el caso de que si un conquistador se quisiere confesar en artículo de la muerte:

« Si fuere conquistador y si este tal se quisiere confesar en artículo de muerte, antes que entren en confesión haga llamar un escribano público o del rey y por un acto público hágale el confesor declarar que no trujo hacienda alguna de Castilla, sino que todo lo que tiene es habido de Indios y que es su última voluntad que el dicho confesor lo restituya y satisfaga todo cumplidamente, al menos en cuanto a su hacienda toda bastare. (…) Poder cumplido al confesor en cuanto puede y es obligado de derecho divino y humano para que descargue su conciencia en todo aquello que viere el confesor que conviene a su salvación. Y si para esto le pareciese al dicho confesor que a él pareciere se debe de restituir, sin quedar cosa alguna para sus herederos, lo puede libremente hacer. (…)

« Los Indios esclavos, de cualquier manera que sean hechos, manda el confesor al penitente que luego incontinenti los ponga en libertad por pacto público ante escribano, y que les pague todo lo que cada año o cada mes merescieron sus servicios e trabajos, y esto ante que entren en confesión. Y asimismo les pida perdón.

"Y si en contra de alguna cosa de las susodichas en parte o en todo viniere, o hiciere alguna cosa, da poder al obispo su prelado y a la justicia eclesiástica, y si menester fuere para efecto de esto a la justicia seglar, para que le castigue como perjuro y que le haga cumplir todo lo que dicho es, sin faltar cosa alguna. Y desde luego se despoja y hace sesión de sus bienes en cuanto a constreñirle al cumplimiento de todo ello y renuncia a cualquiera leyes que contra lo susodicho le puedan ayudar. » (Bartolomé de Las Casas: Confesionario, Avisos y Reglas Para Confesores)

 

Función de la obra "El Santo de Fuego", de Mario Monteforte Toledo, inspirada por la vida de Las Casas, Ciudad Guatemala, teatro Dick Smith, 16 de agosto de 2016

 

Matías de Paz, un precursor de Bartolomé de Las Casas

 

"Conclusión 1a. No es lícito a los príncipes cristianos hacer la guerra a los infieles por afán de dominar o por ambición de riquezas, sino tan sólo por celo de la fe, para que el nombre de nuestro Redentor sea ensalzado y engrandecido en todo el mundo.

 

"Corolario 1o. Por consiguiente no pueden lícitamente dichos príncipes invader la tierra de aquellos infieles que nunca estuvieron sujetos al yugo del Salvador, si sus habitantes quieren recibir y escuchar a los predicadores evangélicos y están dispuestos a abrazar la fe.

 

"Colorario 2o. Es, pues muy conveniente que a estos infieles, antes de declararles la guerra, se les amoneste, pudiéndolo hacer sin gran detrimento, para que abracen la fe de corazón y la mantengan incólume.

 

"Conclusión 2a. Aunque un Rey movido por celo cristiano y con la competente autorización del Papa haya podido hacer la guerra lícitamente a los infieles, ellos tenían derecho a defenderse, si no precedió la sobredicha admonición.

 

"Corolario 1o. Por lo tanto, los vencidos de ese modo no pueden ser tenidos por esclavos mientras no nieguen pertinazmente su obediencia al mencionado príncipe, o no quieran someterse al yugo suavísimo del Salvador.

 

"Corolario 2o. En consecuencia, si después de hecho cautivos, al tener conocimiento del redentor, quieren recibir el bautismo, de ningún modo han de ser tratados como esclavos.

 

"Conclusión 3a. Sólo con autorización del Sumo Pontífice será lícito a nuestro Rey Católico gobernar con imperio politico a dichos indios y anexionarlos perpetuamente a su Corona.

 

"Corolario 1o. Luego quienes los han oprimido con servidumbre despótica después de convertidos a la fe, están obligados a restituir por razón del daño infringido y conforme al lucro obtenido de esa servidumbre; pero no así cuando el daño y el lucro proceden de otra causa.

 

"Corolario 2o. Una vez convertidos, será lícito, como en todo gobierno político, exigirles algunos servicios, aunque sea mayores que los exigidos a los cristianos de estos reinos, siempre que sean equitativos, para sufragar los gastos de viajes, mantenimiento de la paz, buena administración y afianzamiento del dominio del rey católico en aquellas apartadas provincias." (Matías de Paz, De dominio Regum Hispaniae super Indos, 1512)

 

 

2017 "Frailes en país Maya"

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Bartolomé de las Casas, "Retratos de los españoles ilustres". Grabado de Tomás López Enguídanos por dibujo de José López Enguídanos (1801)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bartolomé de Las Casas, Archivo General de Indias, Sevilla, España

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

San Cristóbal de Las Casas, monumento a Fray Bartolomé de Las Casas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

José Alonso en la película mexicana de Sergio Olhovich Greene, "Bartolomé de Las Casas", 1993

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bernard Lavallé : "Bartolomé de Las Casas entre la espada y la cruz", Ariel, 2009