Frailes en país Maya

 

Numerosas aventuras

Dominicos y Franciscanos en país maya - siglo XVI

Un viaje de Las Casas a Tabasco y Chiapas

Pedro de Barrientos en Chiapa de Corzo

Las Casas en contra de los conquistadores

Fuensalida y Orbita, exploradores

La agrupación de los indios

 

Intensos estudios

Un monje etnólogo, Diego de Landa

El conocimiento de los idiomas mayas

Dos profesores, Juan de Herrera, Juan de Coronel

Dos monjes historiadores, Cogolludo y Remesal

 

Innumerables construcciones

Un Franciscano arquitecto, Fray Juan de Mérida

El convento de Valladolid en Yucatán

El convento de Izamal y sus milagros

En Yucatán, cada pueblo tiene su iglesia

Un Dominico enfermero, Matías de Paz

 

Grandes esfuerzos de evangelización

La pacificación de la Verapaz

La fundación del monasterio de San Cristóbal

La provincia dominicana de San Vicente

Una evangelización autoritaria

Los Franciscanos y la religión de los Mayas

Un fracaso de los franciscanos en Sacalum, Yucatán

Domingo de Vico, mártir dominicano

 

El fin de la aventura

La vuelta a los monasterios

 

Complementos

Las Casas y la libertad de los indios

La Historia Eclesiástica Indiana de Mendieta

La ruta de la evangelización dominica en Guatemala

El convento de Ticul, visto por John Lloyd Stephens

Los Franciscanos en el valle del Colca, en el Perú

La ruta de los conventos de Yucatán en el siglo XVI

La misión dominicana de Copanaguastla, Chiapas

 

A su disposición, a petición:

- informaciones sobre los paises mayas,

- textos sobre la conquista y la colonización de los paises mayas

 

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LOS FRANCISCANOS

Y LA RELIGIÓN

DE LOS MAYAS

 

 

 

Los Franciscanos emprendieron encuadrar muy de cerca al pueblo maya de Yucatán a fin de convertirle. Encontraron numerosas dificultades para acabar con la resistencia abierta o secreta de su antigua religión. Diego López de Cogolludo hizó, a la sazón, el relato de esta oposición. Un historiador francés del siglo XX, Robert Ricard, lo confirma en su "Conquista Espiritual de México", de donde sacamos los comentarios que siguen.

 

Robert Ricard, La Conquista Espiritual de México. Ed. Fondo de Cultura Económica, México.

Este importante libro sobre la evangelización de los indios de México fue presentado como tesis de doctorado en Sorbona, en el año de 1933 y publicado por el Instituto de Etnología de Paris. Ya no es disponible en Francés pero ha sido reeditado varias veces en Español.

 

Los Franciscanos edifican sus iglesias encima de los templos mayas

Fueron a instalarse los religiosos en los más importantes lugares de adoración, o de gobierno […]. Había en estos centros de culto y política uno o varios templos, que como era normal en la vieja religión, se hallaban colocados en lo alto de una construcción piramidal. Nada más oportuno pareció al misionario que edificar sobre esa misma construcción su iglesia y su convento. Dos efectos se lograban con ello: desintegrar más el viejo modo de vida, y sustituir un culto por otro culto. (Robert Ricard, La conquista espiritual de México, libro segundo, capítulo III, 1933)

« Tuvieron por costumbre los desta tierra en el tiempo de su gentilidad, edificar los templos de sus ídolos en eminencias, como se dijo en el libro cuarto, y parece, que como el demonio incitaba al pueblo de Israel, para que idolatrasen mas en lugares eminentes, que en las llanadas; asi á estos indios los tenia engañados, asemejándolos en este rito y ceremonia. Como lo mas desta tierra es tan llano, tenia ocasion el demonio de que les costase mas trabajo el servirle, porque á fuerza de manos hacian las eminencias juntando tierra y piedra, con que formaban un cerro donde fabricar el templo. Habia algunas destas en el sitio, que está fundada la ciudad de Mérida, y la mejor, que domina cerca la ciudad, habia elegido el Adelantado para edificar un castillo y casa fuerte de los dos que capituló, cuando vino á pacificar esta tierra; pero teniala la divina providencia determinada, para castillo espiritual de los fieles, donde se habia de edificar templo á la magestad divina, donde desde entónces se le hallan estado dando divinas alabanzas. Pidiósele el padre comisario para fundar en él el convento, y el Adelantado lo concedió sin repugnancia alguna: considerando su devocion, que el mas fuerte presidio eran las oraciones de tan apostólicos varones, como le habian de habitar. Por no haberse señalado otro sitio para el castillo, ni haberlos edificado, como se capituló, se perdió la merced y renta señalada perpetua á sus sucesores. » (Diego López de Cogolludo, Historia de Yucatán, libro quinto, capítulo V)

 

 

 

Acanceh, Yucatán, la pirámide maya y la iglesia parroquial

 

Forzan a los indios aprender el catecismo

En toda población en que hubiera un convento había de enseñarse el catecismo de manera regular todos los domingos y días de fiesta. Muy de mañana, los vigilantes de cada cuartel o barrio, llamados merinos, en las grandes ciudades, y los alcaldes, en los pueblos, tenían que despertar a su gente. Cada barrio o cada pueblo en grupo se encaminaba a la iglesia, con la cruz por delante y rezando oraciones por el camino. (Robert Ricard, La conquista espiritual de México, libro primero, capítulo V, 1933)

« Tambien hay puntualísimo cuidado, que los dias festivos para los indios, todo el pueblo junto diga toda la doctrina cristiana con las preguntas de el catecismo, que enseñan los misterios de nuestra santa fé católica, y su esplicacion en su natural idioma, para que con toda certidumbre se enteren de ellos, y sepan lo que deben creer para salvarse. Trabajo fué este de los religiosos antiguos, que con celo santo los tradujeron en su lengua, y los modernos lo han perficionado, y dado á la estampa, para que los indios puedan leerlo. La forma que en esto se observa es, que el dia de fiesta en tocando á prima se hace señal con la campana mayor, y desde aquella hora viene la gente á la iglesia, asi hombres, como mugeres. Como van entrando se apartan los varones al lado del Evangelio, las mugeres al de la epistola, y habiendo hecho oracion al Santísimo Sacramento, se sientan en el suelo, y las justicias tienen sus bancos en que sentarse. Recogida la mayor parte salen dos sacristanes con sobrepellices, debajo sus ropas coloradas, y puestos en pié en el fin de la capilla mayor, principio del cuerpo de la iglesia cantan las cuatro oraciones en séptimo tono, repitiendo el pueblo lo que los sacristanes dicen. Lo restante de la doctrina cristiana se canta en tono llano, con que cuando se acaba, es ya hora de cantar tercia para decirles misa, porque por los grandes calores, y porque los indios queden desocupados para acudir á sus necesidades domésticas, y hijos que quedaron á guardar sus casas, se celebra mas temprano que en España, y en otras tierras frias. En habiéndose dado principio á cantar la doctrina, dos tupiles, ó alguaciles de ella se ponen á las puertas de la iglesia con una disciplina en la mano, y al que llega tarde, con algun azote que le alcanzan al entrar, hacen que reconozca la pereza que ha tenido en venir á tan santo ejercicio. Del mismo modo se vuelve á repetir á la tarde, comenzando como á las dos á tocar la campana, y asistiendo los gobernadores, alcaldes y demas justicia, Si bien á esta hora acuden mas las mugeres, que los varones, y no hay tan especial atencion, ni estrecha cuenta, para que vengan todos, como por las mañanas. Para que entre semana no falte quien asista á la misa mayor, hay loable costumbre de que para cada dia vengan algunas indias de las parcialidades repartidas por sus dias, y raro es el que falta de asistir á ella el gobernador del pueblo, los alcaldes ordinarios, los mas de los regidores y principales ó chuntanes (ah chun than) de las parcialidades. » (Diego López de Cogolludo, Historia de Yucatán, libro cuarto, capítulo XVII)

 

Roberto González Goyri, un fraile profesor, Edificio Municipal, Ciudad de Guatemala, 1959

 

Adoctrinan primero a los niños

Sin descuidar la instrucción religiosa de los adultos, los religiosos tuvieron el principal empeño en la de los niños. Acostumbraban dividirlos en dos categorías: los niños de la « gente baja », reunidos cada mañana después de misa en los atrios de los templos y repartidos en diversos grupos, conforme a sus grados de conocimiento del catecismo, proseguían el aprendizaje de éste, junto con las oraciones principales. Y nada más; acabada esta lección catequística, regresaban a su casa par seguir el aprentizaje de « los oficios y ejercicios de sus padres ». Otra era la manera de tratar a los niños de los principales. Estos niños nobles vivían en las escuelas anexas a los conventos en calidad de internos. (Robert Ricard, La conquista espiritual de México, 1933, libro primero, capítulo V)

« Las plantas nuevas fácilmente se erigen con rectitud y hermosura agradable á la vista, si la solicitud del que las planta no desmaya en la asistencia para cultivarlas. Plantas nuevas son de esta militante iglesia los niños hijos de estos indios, que al paso que sus padres naturales no tienen la vigilancia debida en enseñarles la doctrina cristiana; corre mayor obligacion en los ministros doctrineros de atender á su espiritual educacion, para que como crecen en el cuerpo, aumenten la hermosura de el espíritu, y agradables con ella á los ojos de Dios y de sus fieles, se coja el fruto pretendido de verdaderos cristianos. Pudiera correr peligro dejado al cuidado de los padres naturales, porque con sus continuos trabajos, y con natural descuido, aun para lo temporal peligra lo político de su educacion. Previno el celo de los predicadores y maestros espirituales, este inconveniente con haber puesto en costumbre, que todos los niños y niñas de los pueblos vayan los dias de entre semana á la iglesia, donde se les enseñan las oraciones y doctrina cristiana, que para que con menos trabajo llegue á la ejecucion del deseo, está dispuesto de esta forma.

 « Ya se dijo, como todos los pueblos están divisos en parcialidades. Cada una, ó entre dos, si son cortas, tiene un tupil ó alguacil señalado, el cual por la mañana en saliendo el sol recoge todos los de su parcialidad de hasta catorce años ellos y ellas de doce (que es cuando luego se trata de casarlos) y juntos á un lado todos los varones, y á otro las muchachas, hacen una procesion, precediendo el tupil con una cruz mediana algo levantada, y comenzando en voz alta con séptimo tono las oraciones, van por las calles, que salen derechas á la iglesia, donde entran con el mismo órden, y puestos de rodillas adoran al Santísimo Sacramento, y se quedan separados hasta que todos han llegado. Despues uno de aquellos tupiles (que ya tiene cada uno su dia señalado) dá principio cantando las oraciones en el mismo séptimo tono, y van repitiendo todos hasta que es hora de misa mayor. En haciendo señal para cantar la tercia, cesan, quedando presentes al santo sacrificio de la misa, la cual acabada sale el sacerdote y despide á las justicias del pueblo y asistentes. Despues cuenta de ordinario los muchachos por las tablas que tienen diferentes de los casados, con que ve los que faltan, y sus tupiles dicen si están enfermos ó los tienen ocupados sus padres. Sino se envia por ellos, y cuando llegan les den dos ó tres azotes, para que otra vez no falten, y los tupiles son reprehendidos por su negligencia, y cuando el religioso está ocupado, los cuenta el fiscal, pero si entónces no parecen, quedan señalados con su cuerdecita, que tiene el nombre.

 « Por la tarde no vienen á la iglesia, para que puedan ayudar á sus padres, cuanto la tierna edad dá lugar en las necesidades domésticas, con que habiendo dado á Dios la mayor parte de la mañana, les queda lo restante del dia para aprender lo ministerial de la vida humana, con que á un mismo tiempo se aumente en ellos el hombre interior y exterior por la solicitud de sus ministros evangélicos, que con esta vigilancia atienden á lo uno y á lo otro. Los sábados no vienen, porque las madres le laven su ropa. Con esta continuacion desde la niñez se procura cultivar el ánimo de estos indios para la devocion de el culto divino, y noticia de lo que deben observar, como cristianos, pues en el claro espejo de la cotidiana doctrina se les manifiestan las virtudes que deben seguir y los vicios con que se ofende la Magestad divina, para que se aparten de ellos. Solicitud bastante es ésta, para que no se pueda imputar á culpa de los padres espirituales, que no sepan todas las oraciones y doctrina cristiana, pues tanta continuacion en la edad adulta, sobre el cuidado con que se les enseñó en la niñez, denota ó demasiada incapacidad en ellos (que no la tienen para malicias) ó mal natural, con que distraidos no atienden á lo que tantas veces repiten. Porque demas de lo dicho, cuando se casan, se hace exámen si la saben, y todos los años al tiempo de la confesion, que por precepto obliga, se examinan tambien: y con haberse criado de esta forma, son tan poco aficionados á la iglesia, misa y santos sacramentos, como en otra parte se dijo. Dios les dé su gracia y ausilios para que le sirvan. » (Diego López de Cogolludo, Historia de Yucatán, libro cuarto, capítulo XVIII)

 

Una visión crítica de la evangelización (José Clemente Orozco, Hospicio Cabañas, Guadalajara) El franciscano ejerce soberania por sobre el indígena. La cruz tiene aspecto de espada, y puntas ensangrentadas. Con el sacerdote venían las letras, la civilización, otra cultura aprendida a punta de dolor, es por esto que aparecen letras manchadas de sangre.
 

 

Auxiliares indios mandan al pueblo

Pocos como eran, los Franciscanos no hubieran podido llevar a la práctica de manera regular y en forma general esta enseñanza si no se hubieran ayudado de los indios de confianza, auxiliares muy eficaces lo mismo de los religiosos que de los funcionarios civiles. Estos indios a quienes se daba el nombre de fiscales o mandones, en español, no sólo tenían el cargo de reunir a los de su barrio para llevarlos a la enseñanza del catecismo y a la misa, sino que en los pueblos de visita, cuidaban de la conservación y limpieza del templo, llevaban un registro de los bautismos, bautizaban ellos mismos en caso de necesidad urgentes, ayudaban a los agonizantes a bien morir, presidían los entierros, recordaban al pueblo los días de guardar y los de abstinencia o ayuno, etcétera. (Robert Ricard, La conquista espiritual de México, libro primero, capítulo V, 1933)

« Para que al cacique ayuden en la administracion de la justicia y gobierno, se nombran en los pueblos cada año el primer dia dos alcaldes ordinarios, el número de regidores necesario, y procurador del lugar, los cuales confirma el gobernador en nombre del rey. El mismo dia se eligen alcaldes, que llaman de los mesones y casas de comunidad, en que se hospedan los pasageros, para que se les probea de comida, y avio. Tambien se elige fiscal para la iglesia, que cuida principalmente de la enseñanza de la doctrina cristiana á los muchachos, y se le nombran otros como alguaciles, para que los hagan venir, y llamen cuando faltan. Suelen elegirse otros ministros, que con vara de la real justicia cuidan de que los indios rozen sus tierras, siembren y beneficien sus milpas, ó sementeras, y en esto suele haber poca atencion, siendo asi, que depende la conservacion de todos los que vivimos en esta tierra de este cuidado, y en habiendo falta de cosecha, quien mas desdichas padece son los miserables indios, y con experimentarlas son tan flojos, y poco amigos del trabajo, que aun lo mismo con que se han de sustentar, es necesario hacérselo sembrar, porque los mas ninguna providencia tienen á lo que les ha de suceder, como tengan de presente alguna cosa, con que sustentarse por entónces. » (Diego López de Cogolludo, Historia de Yucatán, libro cuarto, capítulo XVII)

 

Atraen los feligreses con la música 

Las ceremonias del culto eran casi siempre acompañadas de música y canto. Los indios entonaban generalmente canto llano, ya con acompañamiento de órgano, ya con el de diversos instrumentos, y sus coros, dicen los cronistas, hubieran podido competir ventajosamente con los de las iglesias de España. La orquesta debía ser muy rica, pues nos pasma la extrema variedad de instrumentos que se mencionan: flautas, clarines, trompetas real y bastarda, pífanos, trombones; la jabela o flauta moresca, la chirimía –variante del caramillo-, la dulzaina – semejante a la chirimía-, el sacabuche –especie de trombón-, el orlo, el rabel, la vihuela de arco y, finalmente, el atabal.

Para la apetecida suntuosidad de las ceremonias del culto no bastaba el número de instrumentos músicos: se necesitaba quien los tocara bien y expertos cantores para las palabras. No fue problema reunirlos: el indio mexicano es amantísimo de la música y de muy lejos venían a aprenderla en los conventos los aficionados. (Robert Ricard, La conquista espiritual de México, libro segundo, capítulo IV, 1933)

« Para la celebracion de los oficios divinos hay en todos los pueblos número asignado de sacristanes y cantores; aquellos para que cuiden de los ornamentos y limpieza de la iglesia, y sirvan al altar. Tiénenlos de ordinario llenos de flores, porque casi todo el discurso de el año las hay diversas en esta tierra. Los otros para la solemnidad de los oficios divinos, que la iglesia ordena se cantar. Una cosa hay digna de atencion, y es, que no hay pueblo en Yucatan por pequeño que sea, donde los oficios divinos no se solemnicen canto de órgano y capilla formada, como la música la requiere, y en los conventos con bajoncillos, chirimias, bajones, trompetas y órganos, con que se provoca mas el afecto á las alabanzas de la Magestad divina. Estas son comunes y cotidianas, porque demas de rezar el oficio divino los sacerdotes; el maestro de capilla, y la mitad de los cantores á semanas, en los pueblos de nuestra administracion, aunque no reside ministro en ellos, en tocando á prima, rezan las cuatro horas menores de el oficio de nuestra señora, despues cantan la tercia de la festividad de el dia, conforme á su solemnidad, y á la tarde vísperas, sin que en esto se esperimente falta.

 « Todos los sábados por la tarde se canta la salve regina á la madre de Dios con mucha solemnidad y concurso de pueblo, especialmente asisten las mugeres a esta devocion, como por la mañana á la misa solemne que se canta. Todas las cabeceras tienen cofradias de nuestra señora, y celebran sus festividades con solemnidad: cada mes dicen una misa cantada por los cofrades, y algunas todas las semanas, y no solo en las cabezas, pero en muchísimos pueblos de visita hay cofradias que unas y otros con singular devocion festejan los dias de la purisima Concepcion de la Vírgen Santísima. En todos nuestros conventos hay órgano, que no ha costado pequeña solicitud, porque los mas son traidos de los reinos de España, y esto de las limosnas que nos den para nuestro sustento y vestuario, aplicando de ello, cuanto es posible para el mayor ornato de el culto divino. En los pueblos de visita ó anexos, donde no alcanza la posibilidad á tener órgano, hay un modo de flautas con voces de bajos, contra altos, tenores y tiples, que suple la falta de los órganos, alternando como ellos los versos de los salmos y aun muchos tienen trompetas y chirimias: cosa cierta digna de ponderacion (siendo esta gente tenida por bárbara y reputada por rusticísima) pues si volvemos la consideracion á los lugares de nuestra España, hallarémos, que solamente las iglesias de cuantiosas rentas tienen lo referido, y las de esta tierra, sin tener algunas, están servidas con tanta decencia, y ornato por la vigilancia de los ministros. Para que esto no descaezca, hay conjuntas á las iglesias, en los pátios de ellas escuelas, donde los maestros de capilla enseñan á leer, escribir y cantar á algunos muchachos; con que no solo se provee de quien sirva al culto divino, sino que de alli salen escribanos para los pueblos. » (Diego López de Cogolludo, Historia de Yucatán, libro cuarto, capítulo XVIII)

 

Malecón de Campeche, Monumento al encuentro de dos culturas, escultor: Mara Marín

 

Los Mayas ne entienden las lecciones de los Franciscanos

En México, al igual que en cualquier país de misión, se presentó el problema de la traducción de los conceptos específicamente cristianos, con palabras ya consegradas aun por las fórmulas dogmáticas, a las diversas lenguas indígenas. Conceptos y cosas eran del todo nuevas para aquella gente. Nos explicamos la meticulosidad de Zumárraga, obispo de México […], cuando recomienda que no se use término alguno que pueda inducir a confusión a los indios. (Robert Ricard, La conquista espiritual de México, libro tercero, capítulo III, 1933)

« Entre otras cosas espirituales, que en algunas pláticas les habia dicho (Fr. Luis de Villalpando, en 1547), fué el amor grande, que Dios nuestro Señor tiene á los hombres, por lo cual su Magestad Divina se comparó á la gallina, que solicita de la proteccion de sus polluelos, los recibe debajo de sus alas, defendiéndolos de el gavilan, que diligente procura quitárselos para presa con que sustentarse. Que esto pasaba espiritualmente á sus sacerdotes con los hombres, que les eran refugio y amparo contra sus enemigos los demonios, que por todos caminos solicitan su muerte; y que asi los sacerdotes eran á quien habian de recurrir en sus adversidades y trabajos, para hallar el verdadero descanso y alivio de que necesitaban. Con la corta capacidad, y por entónces tambien poco conocimiento de los misterios divinos, entendieron tan lo literal esto del recogerse debajo del amparo de el ministro en sus trabajos, que en queriendo algun principal castigar á algun indio, se iba donde el padre Villalpando estaba, y recogiéndose debajo de sus mangas, se estaba allí sin hablar palabra. El no entendia el fin de aquella accion, pero dejabale, aunque no le fuese ocasion de desconsuelo, si le apartaba, juzgando, que algun motivo tenia para ella. Sucedió diversas veces, y ya deseoso de saber, que queria ser aquello, vino á una ocasion un niño, que poniéndose detras de el, se cubria con el hábito. Preguntóle, porque hacia aquello, y respondió el niño: Quierenme azotar, y vengome á valer de tí, que eres padre piadoso, que yo te lo oí decir habrá ocho dias. Reparó en lo que les habia predicado, y dió gracias á la Divina Magestad, por ver que asi recibian su doctrina, y cuan mansos y domésticos estaban. Con esto de allí adelante, cuando sucedia algun caso de estos, les decia quedase libre el que se venia á valer de él, pues era justo, que el padre de su alma y sacerdote de Cristo fuese refugio de pecadores, y de los que erraban, con que se aumentaba mas el amor de los indios y crecia la reverencia á su padre espiritual, de suerte, que cuanto les ordenaba, ejecutaban sin repugnancia alguna » (Diego López de Cogolludo, Historia de Yucatán, libro quinto, capítulo V)

 

Una rebelión estalla al este de Yucatán

Por parte de los indios la evangelización hubo de chocar contra diversos escollos. Los pueblos del centro de México no hicieron resistencia violenta a la entrada de los misioneros y a la predicación de la fe cristiana […]. Por el contrario (en otras regiones), hubo un movimiento general de numerosas tribus, con miras de acabar con la ocupación europea. Ninguna duda nos queda del carácter religioso de esta sublevación. No por la libertad únicamente luchaban los levantados; también contra la religión; ya no contra España, sino contra el catolicismo. (Robert Ricard, La conquista espiritual de México, libro tercero, capítulo II, 1933)

« Tuvieron oculta su mala intencion, hasta que á nueve de Noviembre de mil y quinientos y cuarenta y seis años, descargó en aquel mismo dia la tempestad en diversas partes, segun lo tenian determinado, para mejor salir con su intento. Los primeros á quien cogió aquella avenida de males, fueron dos hermanos españoles, llamados Juan Cansino y Diego Cansino, hijos legítimos de Diego Cansino, que habia sido conquistador de la Nueva España y de Magdalena de Cabrera. Estaban los dos en el pueblo de Chemáx, bien descuidados de que maquinasen novedad semejante los indios, y de estos los acometió gran número, que como los cogió repentinamente sin armas con que defenderse, facilitó su presto rendimiento. El ódio que á los españoles tenian, se conocerá por la lenta muerte, que á estos dos mancebos (primicias de su venganza) dieron, porque no los mataron luego, que pareciera efecto de cólera, sino que con terribles dolores les dilataron todo aquel dia la muerte, que fué argumento evidente de su malicia. Teniánles prevenidas dos cruces, y poniendo á cada uno en la suya, retirados los indios á tiro de arco, y flecha, disparando poco á poco en los dos crucificados mancebos, siendo blanco de su indignacion, los cubrieron de flechas. Conocian los pacientes, que el principal aborrecimiento de los indios, se originaba de la mudanza de religion y costumbres, que les introducian, habiéndoles negado el culto público de sus ídolos, y les predicaban desde las cruces, permaneciesen en la obediencia que habian dado al rey, y prometido tener á la iglesia. El fruto que cogian, era oir blasfemias en detestacion de lo uno y menosprecios con vituperio de lo otro. » (Diego López de Cogolludo, Historia de Yucatán, libro quinto, capítulo II)

 

Los Mayas siguen practicando en lo secreto su antigua religión

Con más frecuencia se manifestaba una resistencia consciente y definida […], pues si en apariencia los indios han renunciado a la idolatría, siguen de noche y en lo secreto adorando a sus viejos dioses y ofreciéndoles sacrificios […]. Cuando, descubiertos sus ídolos, se les destruían, se daban prisa a fabricar otros. El territorio entero, o a lo menos muchas de sus regiones, estaba lleno de ídolos escondidos y de pueblos secretamente idólatras. Ora son indios que disimulan sus ídolos, que llegan a practicar sacrificios humanos; ora indios que se esconden cuando los franciscanos llegan a bautizar y predicar; o que no quieren edificar iglesias, que se entregan a burlas blasfematorias y sacrílegas, que hacen propaganda de paganismo entre los niños o los jóvenes. (Robert Ricard, La conquista espiritual de México, 1933, libro tercero, capítulo II)

 

Los Franciscanos se oponen a los sacrificios humanos (palacio de gobierno, Valladolid)

 

« Llegando á un pueblo (Diego de Landa), que hoy se llama Zitaz (Dzit Haaz) en tierra de los Cupúles, cansado, como quien iba á pié en tierra tan calurosa, le pareció irse á hospedar á la casa del cacique de aquel pueblo. Tenia su casa la vista á la plaza, y llegando á ella, la halló toda en circuito muy compuesta y adornada, segun usaban, puesto recaudo para un solemne sacrificio, que querian ofrecer á sus ídolos. Muchas vasijas llenas de una bebida con que se emborrachaban en el sacrificio, y una especial, en que estaba un brevaje, con que á los que sacrificaban, privaban del uso de la razon, los adormecia y sacaba de sí, de suerte que no rehusaban que les abriesen los pechos y sacasen el corazon, con cuya sangre rociaban los ídolos, á honor de quien ejecutaba tan inhumano acto. Tenian un mancebo de hasta diez y ocho años de edad, muy cargado de flores y bien amarrado á un palo para ejecutar en él el sacrificio. Sin mostrar temor el padre Landa, ni decir cosa alguna á los indios, se fué hacia el palo en que el miserable mancebo estaba atado, y le desató poniéndole junto á si. Derribó los ídolos de donde los tenian colocados, quebró las vasijas de aquella idolátrica bebida, y con espíritu de Dios les dijo, que le oyesen lo que queria enseñarles para el bien de sus almas.

 « Habia mas de trescientos indios presentes á este acto, y siendo asi, que instigados en él por el demonio, se solian enfurecer como leones; en esta ocasion no hicieron mas, que mirarse unos á otros admirados, pero quietos contra su costumbre, para oir lo que el apostólico varon queria decirles. Viéndolos sosegados, les hizo una larga plática manifestándoles la obligacion que tenian de conocer, amar, temer y servir á un solo Dios verdadero, infinito y todo poderoso, criador de todas las cosas, premiador de buenos, y castigador de idólatras y pecadores. Que su divina justicia les estaba amenazando por la muerte de aquel inocente mancebo, á quien injustamente querian quitar la vida. Que conociesen, que la magestad de aquel solo Dios, que les decia le habia enviado en aquella ocasion, para que no cometiesen tal maldad, y aquel mancebo con ir muerte temporal que le querian dar, pasase a la eterna, muriendo sin ser cristiano. Declaróles la benignidad de Dios nuestro señor, que recibe á su amistad al pecador arrepentido, y la crueldad del demonio á quien adoraban en aquellos ídolos. Que la vida solo Dios era señor de ella, y que solo era lícito exponerla segun su santa ley permitia, y que dada por su fé era gloriosa, como lleno de ignominia ofrecerla al demonio. Que el Eterno padre envió á su unigénito hijo al mundo, hecho hombre, movido de infinita caridad, para que nos redimiese, muriendo por los hombres para darnos la vida eterna. Que solamente el Dios que les predicaba, podia dar aquella en el otro mundo, y la temporal que ahora tenemos en este. Que sus falsos Dioses, ni la podian dar ni quitar, y el demonio los persuadia por ellos, que unos á otros se la quitasen, para llevarlos mas presto al infierno, á que en su compañia padeciesen eternos tormentos. Difusamente declaradas todas estas verdades, por medio de ellas movió Dios los corazones de aquellos idólatras, que compungidos le pidieron les enseñase despacio aquello que habian oido, porque deseaban saberlo, y para que se certificase, ellos mismos quebraron los ídolos en su presencia. Correspondiendo al deseo de los indios y en ejecucion del que tenia de verlos cristianos, se estuvo con ellos catequizándolos y enseñándolos, discurriendo por todo aquel territorio, hasta que habiendo entrado el año de cincuenta y uno, le llamó la obediencia. Dijeron despues los indios, que la causa de haber estado tan quietos, cuando desató al mancebo y quebró los ídolos, habia sido el temor que les puso un grande resplandor que de su rostro salia, cuando los hablaba. » (Diego López de Cogolludo, Historia de Yucatán, libro quinto, capítulo XIV)

 

Dzitás, Yucatán, la danza del pavo, Kots kaal tso’, se celebra cada 21 de enero en honor a Santa Inés. La danza tiene un claro origen prehispánico, pero es alusiva al martirio de Santa Inés, ya que al ave se le despluma  mientras que a ella la desnudaron y decapitaron.

 

 

2017 "Frailes en país Maya"

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El convento San Luis Obispo, en Calkini (Campeche), edificado encima de una plataforma maya.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Castigando la falta a la doctrina (grabado en "El viaje de Samuel Champlain a las Indias Occidentales", 1599-1602)

"...la messe dite, le prestre donne charge à l'Indien qui sert de procureur de s'informer particullierement où sont les defaillans, & qui les face revenir à l'église, où estant devant ledict prestre, il leur demande l'occasion pour lequel ils ne sont pas veneus au service divin, dont ils allèguent quelques excuses s'ils peuvent en trouver, & sy elles ne sont trouvés véritables ou raisonnables, ledict prestre commande audict procureur Indien qui aye à donner hors l'eglise, devant tout le peuple, trente ou quarante coups de baston aux défaillants." Samuel Champlain

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una página del catecismo de 1618 del padre Jerónimo Martínez de Ripalda. Fue utilizado durante varios siglos no sólo para la enseñanza de la doctrina cristiana, sino también del español, el civismo y la lectura. Se hicieron traducciones cuando menos en náhuatl, otomí, tarasco, zapoteca y maya.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

C-YUM
Padre Nuestro

C-YUM YANECH TEJ CAANO
Señor nuestro que estás en el cielo,
QUILIICHCUNTAAC A KABÁ,
santificado es tu nombre
TALAC TOON A AJAWIL
venga a nos tu reino
BETAAC A WOLAJ JE BISH TEJ CAANÓ
hecha sea tu voluntad así como en el cielo
BEY SHAN TI LE LUUMÁ
sea hecha en la tierra.
DZA TOON BEJELAE' U WAJIL SAN SAMAL
Danos hoy el pan de cada día
SAATES TOON C-P'ASHOOB JEBISH SHAN
desaparece nuestras deudas así como también
TOON C-SAASIC LE C-AJ-P'ASHOOB
nosotros desaparecemos la de nuestros deudores
YETEL MA A P'ATIC C-LUBUL TI TONTAJ-OL,
y no dejes caernos en la humillación
BAALÉ TOCOON TI TULACAL KAS;
guárdanos y líbranos de todo mal
TUMEN ATI'AL LE AJAWILÓ YETEL LE PAJTALILÓ
porque tuyo es el reino y el poder
YETEL LE NOJBEENILO UTIAL JAABOOB
y la gloria por las edades
MINAAN U SHUL.
sin fin.
CA BEYAC.
Así sea hecho.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Christian Duverger: La conversión de los indios de Nueva España, con el texto de los Coloquios de los Doce de Bernardino de Sahagún (1564), Editorial Fondo de Cultura Económica (FCE), México, 1993

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Partitura del siglo XVI, Graduale Dominicale, Mexico, Pedro Ocharte, 1576

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un símbolo ambiguo para los indios: la Santa Trinidad (iglesia San Gervasio, Valladolid, Yucatán)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La iglesia de San Antonio de Padua en Chemax, Yucatán, siglo XVII (mitin electoral, 14 de abril de 2015)